16 de 01 de 2017

#Guapito Nicolás Pavez

Conversamos con el joven actor que nos confesó todos los detalles de su vida actoral. A punta de tropezones y nerviosismo se adentró en el mundo de las tablas, y hoy vive felizmente el éxito de su carrera, ¡aquí te contamos todos lo que necesitas saber sobre este #guapito!

Nicolás dedica su vida completa al teatro, un mundo en el que es difícil de obtener el reconocimiento de la gente y con un estilo de vida diferente, con horas dedicadas a ensayos y funciones. Pero a pesar del sacrificio, cuando la gente lo felicita por su trabajo se llena de orgullo, satisfacción, y aumentan sus ganas de seguir actuando.

¿En qué momento sentiste que querías estudiar teatro? ¿Qué opinaron tus padres sobre tu decisión?

Nunca tuve mucho interés personal en el teatro, fue dándose de a poco. De chico, en privado de mis papás, me desenvolvía muy extrovertidamente con mis amigos, también participaba muy activamente y con mucha confianza en los eventos que se hacían en los campamentos de Scout por ejemplo… Ahí animaba, imitaba, era bien protagonista.

Fue en en el colegio, saliendo de la media, después de un trabajo para filosofía sobre la “Apología de Sócrates”de Platón, en donde mis compañeros descubrieron el potencial que yo tenía. Un compañero en particular (Sebastian Laura) insistió mucho en que debía dedicarme a eso, y no a ingeniería en ciencias de la computación, que era lo que me alcanzaba en puntaje y que significaba para mí el acceso a tener dinero (en ese momento lo que más me importaba).

Tras varias conversaciones con amigos me decidí a hacer la prueba de admisión para la Universidad de Chile. Fui pasando cada una de las etapas y al enterarme de que quedé seleccionado, recuerdo que me tire al piso de alegría, ahí me di cuenta que era lo mío. Yo creo que mis padres notaron que yo estaba realmente contento y por eso jamás me dijeron nada, siempre sentí un apoyo incondicional.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo de la actuación?

A tropezones como todos en un comienzo, equivocándome harto y con mucho nerviosismo. Al mismo tiempo fue un proceso de auto conocimiento bien importante, aprendí a hablar de nuevo, a moverme de nuevo, a sentir de nuevo, a pensar distinto.

¿Existe alguna razón específica para especializarte en las tablas y no ingresar a la televisión?

En el teatro me siento cómodo, me gusta todo lo que ocurre ahí. Los procesos humanos que están involucrados en ese espacio, las complejidades individuales que se comprometen son apasionantes; el ayudar y entregarse a tus compañeros, el ensayo y error, el descubrir, el ser testigo de exposición de la fragilidad de las personas, todo lo que tenga que ver con el proceso creativo me gusta.

Por otro lado, los aspectos técnicos que se involucran en el trabajo del actor/actriz, que forman parte del aprender actuar cada obra, es un terreno que moviliza porque tiene implicancias físicas que hacen que tu cuerpo se transforme en un instrumento artístico y eso hace que el teatro se eleve.

La televisión por el momento no ha sido parte de mi búsqueda, pero creo que el trabajo de investigación actoral que yo hago a diario, la siento como una preparación para cualquier reto que tenga que enfrentarme más adelante. Estoy a la espera de algún ofrecimiento interesante que pueda darme la posibilidad de trabajar allí.

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¿Qué significado tiene el teatro para ti?

En este momento: la comprobación de la importancia de ser capaz de vivir y existir en el presente. Además, es mi fuente de trabajo, por lo tanto, me da de comer.

¿Qué sentiste al ver el éxito de tu personaje en la obra de Trinidad González, El Pajaro?

Me llenaba de orgullo y de satisfacción, cuando más de alguno se me acercaba para felicitarme. Son de esas cosas que alimentan el ego y las ganas de volver a actuar.

¿Cuál fue tu gran motivación para comenzar a desarrollarte en el área audiovisual? ¿En qué se diferencia con el teatro?

Creo que las ganas de probar distintas cosas y con ello disfrutar de la fascinación que produce el cine por ejemplo. Por otro lado el trabajo audiovisual ya sea cine, series de tv, o teleseries es un campo en donde se paga más, y también se te reconoce más. Para mucha gente aún, si no te han visto en TV todavía no has logrado nada.

¿Cómo ha sido la experiencia de la tercera temporada de “Lástima que sea una puta”? ¿Qué sientes al interpretar a un personaje tan potente como el tuyo?

Este es un trabajo grupal en donde yo co-dirigí junto con Javier Ibarra, un grupo con el que venimos trabajando desde hace tiempo. Por lo tanto es una instancia donde tengo que ocuparme de varios aspectos de la función. Generalmente cuando uno hace segundas o terceras temporadas como actor se siente más libre, más claro, el tiempo hace que las cosas maduren, y este caso no es la excepción.

No obstante, me enfrento a una situación difícil porque no es fácil acceder a emociones tan complejas como las de este personaje enamorado de su hermana, que lucha por reivindicar el amor más allá de las ataduras morales.

¿En qué consiste tu proceso de preparación para representar grandes historias con un contenido más fuerte?

Mi preparación consiste generalmente en ejecutar una serie de ejercicios, tanto físicos como vocales que los actores llamamos trainning. Se trata de soltar y calentar el cuerpo, preparar tu aparato resonador, para estar dispuesto y atento. Además, me concentro para poder entrar dentro de una temperatura física y espiritual específica para la función y el personaje. Escucho alguna música que me inspire y me conecto con mis compañeros.

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En un futuro si tuvieses que elegir dedicarte a ser profesor, director o actor. ¿Cuál escogerías?

Director y profesor.

¿Tienes un método de desconexión ideal para un periodo de estrés?

Cocinar un exquisito plato de comida, un buen vino o pisco sour, una buena conversación para entender lo que siento y listo.

¿En qué se basa la rutina día a día de un actor de teatro?

En mi caso, generalmente estoy ensayando, yendo de un lugar a otro. En general tenemos tiempos extraños al común, a veces tienes lunes libres, pero los fines de semana ocupados por funciones o ventanas grandes de un ensayo a otro. Ahí aprovecho de hacer otras cosas como nadar o juntarme con amigos, o sencillamente aprovechar de estudiar los mismos textos que hay que llevar aprendidos.

¿Cuál es tu lugar favorito de Santiago y por qué lo recomendarías? 

“La terraza” en Vicuña Mackenna, encuentras sandwich gigantes a buen precio. También el “Txoko Alaves” en Bellas Artes, exquisita comida vasca, sangría y ambiente de conversación.

¿Cuáles son tus principales planes para este nuevo año?

En este nuevo año se viene mucho teatro con proyectos bien interesantes. En marzo estreno “El último vuelo del cóndor” en Matucana 100, un texto escrito por Ivan Fernández sobre lo que ocurre con el Cóndor Rojas y el Utilero de la selección previo al partido con Brasil, en el famoso Maracanazo.

El segundo es en mayo, a cargo de Pablo Halpern en el teatro CorpArtes, haré un texto de Ibsen “La casa de Rosmer” gran texto y un gran elenco. Entremedio viajo con “Pajaro” a Portugal a hacer unas funciones, algo que me tiene muy contento porque esta oportunidad es un tema que nos debíamos con esta obra, teníamos altas expectativas de viajes pero en un comienzo no pasó nada, lo que nos bajoneó muchísimo, pero al fin se está dando y es un motivo de celebración.

Luego con la dirección de la misma Trinidad Gonzalez (Directora de Pajaro) participaré en un montaje del Gam, que escribe Luis Barrales, que está pensado para celebrar los 100 años de Violeta Parra, un proyecto muy interesante porque también vamos a cantar, eso me tiene muy expectante y entusiasmado.

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