19 de 10 de 2015

El valor del tiempo

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Recuerdo que cuando era niña mi mamá encontró al hacer aseo una caja llena con fotos que creía perdidas. Estoy segura que ningún arqueólogo puso jamás una cara tal a la que puso ella al encontrar lo que a sus ojos parecía ser un tesoro, a pesar del polvo y estar algo amarillento, deteriorado por el paso del tiempo.

Mientras ella pasaba entre sus manos las instantáneas de casi diez o quince años atrás, me acerqué a su lado y las miraba sobre su hombro. Los peinados y la ropa de aquella época me parecieron chistosos y no podía creer que aquella fuese mi mamá, con los labios pintados, el pelo rizado y blusas de colores fuertes. Tenía además un brillo en los ojos distinto, algo propio de ser joven tal vez, que con el paso de los años se va perdiendo, supongo.

Comenzó a contarme historias de lo que era aquella época, de su vida universitaria, de cuando conoció a mi papá, de cuando salía con sus amigas. Nunca olvidé cómo sus ojos, que no me miraban a mí, miraban a la distancia, perdidos queriendo reencontrarse con aquella época.

“Cuando uno es joven se cree capaz de todo” – recuerdo que algo así me dijo. “Pero mamá…”, la interrumpí, “en verdad tenía poco más de treinta en ese entonces, muy lejos de ser considerada vieja – tú todavía eres joven”.

Fue como si de pronto se despertara de aquel trance que las fotos le habían producido. “Estas cosas no duran toda la vida, hija, más te vale vivirlas al máximo mientras puedas” creo que algo así dijo, en verdad no lo recuerdo bien, y tapando la caja la devolvió a su sitio para continuar con la limpieza. Puede sonar egoísta, pero hasta ese entonces siempre la había visto como MI MAMÁ, y de pronto fui consciente de que su vida era mucho más que ser mi mamá.

No volvimos a conversar de aquello por muchos años. No puedo asegurar si ella lo olvidó pronto, pero yo sí y es que a los seis años nada tiene mayor relevancia; pero a medida que fui creciendo y en especial ahora con más edad, pienso cada vez más seguido en aquel día y en lo fuerte que quedaron en mi memoria las palabras de mi mamá.

A veces me parece que las cosas se mueven a una velocidad increíble y otras que todo transcurre insufriblemente lento. El tiempo es relativo y la verdad es que, lo queramos o no, lo termina transformando todo. Es absurdo intentar apurarlo o volver a atrás, intentando vivir algo que ya no nos corresponde.

Mi primo una vez me dijo que lo único que tenemos es nuestro tiempo y que por eso es tan valioso. Tal vez debamos vivir con mayor intensidad las cosas, sin contenernos ni guardarnos tanto, estar seguros de lo que decidimos, decir lo que pensamos, perseguir los sueños, amar con el corazón a pleno, sin miedo a salir lastimados, disfrutar la comida, reír con ganas y llorar cuando sea necesario.

Es tiempo de hacer lo que siempre quisimos, es este el momento; ya tendremos toda una vida para tomarnos las cosas de manera seria, ¿de que serviría ser joven sin dejarse llevar por el corazón de vez en cuando?

Hoy es tiempo porque es lo único que tenemos seguro; un abrazo para cada uno y gracias por leerme esta semana.

2 comentarios

consu

05 de noviembre de 2015

me encanto, de verdad que me transporte contigo y con tu mama en el tiempo! gracias <3

andrea

19 de octubre de 2015

Me gusta mucho tu manera de escribir, es bonito imaginar a medida que se va leyendo. Muu buena!♥

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